lunes, 25 de agosto de 2008
Una visita por el Abasto
Un extranjero con cámara en mano visita la calle Jean Jaures al 700 donde hoy funciona el "Museo-Casa Carlos Gardel". El museo de la ciudad de Buenos Aires más visitado por turistas de otros países.
Cuando la calle se tranformó en una fiesta

La esquina de Zelaya y Anchorena, en el tradicional barrio Abasto, no lucía como todos los días. Ese día tenía vida. Estaba llena de dibujos pegados en las paredes, muchos vecinos ya estaban sentados en las primeras filas de sillas para tener la mejor ubicación, la música sonaba en el ambiente y envolvía los demás ruidos, un pasacalle con la leyenda: “Bienvenidos” colgaba de vereda a vereda. Finalmente, el día había llegado. Estaba todo listo para vivir una tarde inolvidable en el 5ta edición del tradicional festival de la quema del muñeco que organiza la juegoteca del Abasto.
En el medio de la calle se imponía un muñeco multicolor de dos metros de altura. Tenía alas de dragón, nariz de payaso y su rostro simulaba ser un robot. Era creación de los chicos de la juegoteca, con la que buscaban simbolizar todas aquellas cosas malas del barrio que querían cambiar. Algunos escritos plasmados en el cuerpo del muñeco así lo reflejaban: “Queremos que en el barrio todos nos respetemos”. “No quiero que cuando voy por la calle me miren por ser distinto”. Estos era sólo uno de los tantos deseos que pedían y que pronto iban a hacer quemados, transformado en ceniza.
A pesar del frío y el cielo gris, los chicos de las distintas instituciones que integran el barrio comenzaron a llegar en grupos y rápidamente comenzó a poblarse la calle. Se abrazaban, entonaban cánticos y aplaudían, mientras miraban de lejos el colorido muñeco. Cerca de las tres de la tarde, Zelaya y Anchorena rebalsaba de chicos, padres, abuelos y algunos vecinos del barrio. En total eran unos cien. Todos estaban reunidos porque la fiesta estaba por comenzar.
Minutos después el sonido de tambores y timbales comenzó a oírse. De pronto, la murga de la juegoteca apareció en escena. Una voz por megáfonos los presentó: “Con ustedes los Pumancheros del Abasto”. Los veinte chicos- entre 2 y 12 años- que conformaban la murga bailaron, hicieron piruetas y arrojaron papelitos de colores al aire. El show, que duró unos 10 minutos, fue aplaudido por los padres, quienes no escondían sus sonrisas de orgullo por la demostración que acababan de ver. Al retirarse la murga, Gonzalo Vidal- responsable de la juegoteca y organizador del festival- gritó: “Bienvenidos. Queremos que esta tarde toda la gente participe. La quema del muñeco 2008 ya empezó, a disfrutar”.
Y así fue. Grandes y chicos empezaron a jugar. La recreación estuvo a cargo de “Cu.ju.ca” (Cumbre de juegos callejeros), una organización que surgió hace dos años en el Abasto y que hoy se expandió a otros barrios de la ciudad. “Es una intervención recreativa comunitaria, una feria de juegos vivientes. Se busca recuperar la calle y que los chicos vuelvan a jugar con aquellos juegos más tradicionales: carreras de embolsados, rayuela, saltar la soja”, explicó Nahuel Zacarías integrante del equipo.
Mientras los chicos más grandes jugaban a la mancha, los más chiquitos pintaban con tizas de colores en el asfalto. Los papas no salían de su asombros, miraban expectantes cómo sus hijos disfrutaban de la tarde. Patricia Mochiot estaba parada detrás de una columna de alumbrado público observando todo lo que su hijo Braian -de ocho años -hacía. “Yo vengo del Once. Traje a mi hijo al festival porque lo encontré una actividad sana y diferente. Además, es importante que los chicos se integren”, manifestó la mamá.
La familia Ford llegó desde Palermo con sus dos hijos de 6 y 3 años para participar de la quema del muñeco por recomendación de unos amigos. “Este festival debería de organizarse en todos los barrios. La calle tiene que volver a hacer nuestra. Es una buena oportunidad para pasar una tarde en familia y jugar a cosas que ya nos habíamos olvidado cómo eran”, relató José Miguel Ford.
Ariel, Magalí, Lautaro y Lucila, todos de 12 años, viajaron desde Villa Crespo hasta el Abasto para participar del festival. Ellos integran una institución laica llamada “Kinder” que se juntan todos los sábados a compartir un momento de recreación. Ese sábado la cita había sido en Zelaya y Anchorena, donde también ellos presentaron juegos para compartir con los demás chicos. “Está bueno venir porque conoces gente nueva. Yo el año pasado vine y me encantó por eso invité a mis amigos a venir hoy”, comentó Magalí Molina.
Por su parte, un grupo de madres amasaba torta frita, en un tablón, para compartir luego de la quema del muñeco con un chocolate caliente que se estaba cocinando a fuego lento. Mientras tanto, los hombres preparaban la fogata para dar comienzo al tradicional ritual.
Cuando el sol comenzó a caer, los chicos se fueron acercando al muñeco y cada uno en pequeños papelitos comenzó a escribir un deseo. La consigna que rezaba era clara: “Escriba el moustro que desea quemar. Luego tírelo en la panza del muñeco, que el fuego hará lo suyo…”. Nicole de 5 años con la ayuda de su mamá escribió: “No quiero ser mala” y con fuerza hizo un bollito de papel y lo arrojó al muñeco.
Una vez que todos terminaron de escribir, se sentaron formando una gran ronda que ocupaba casi toda la calle. Con música de fondo, aplausos y mucha emoción cinco chicos se acercaron con antorchas hasta el muñeco y a la cuenta de tres empezó a arder.
Las luces del día ya eran débiles, pero los rayos que irradiaba fuego iluminaron el atardecer. La nueva edición del festival había llegado a su fin. Sólo restaba esperar que los deseos quemados se hagan en realidad.
En el medio de la calle se imponía un muñeco multicolor de dos metros de altura. Tenía alas de dragón, nariz de payaso y su rostro simulaba ser un robot. Era creación de los chicos de la juegoteca, con la que buscaban simbolizar todas aquellas cosas malas del barrio que querían cambiar. Algunos escritos plasmados en el cuerpo del muñeco así lo reflejaban: “Queremos que en el barrio todos nos respetemos”. “No quiero que cuando voy por la calle me miren por ser distinto”. Estos era sólo uno de los tantos deseos que pedían y que pronto iban a hacer quemados, transformado en ceniza.
A pesar del frío y el cielo gris, los chicos de las distintas instituciones que integran el barrio comenzaron a llegar en grupos y rápidamente comenzó a poblarse la calle. Se abrazaban, entonaban cánticos y aplaudían, mientras miraban de lejos el colorido muñeco. Cerca de las tres de la tarde, Zelaya y Anchorena rebalsaba de chicos, padres, abuelos y algunos vecinos del barrio. En total eran unos cien. Todos estaban reunidos porque la fiesta estaba por comenzar.
Minutos después el sonido de tambores y timbales comenzó a oírse. De pronto, la murga de la juegoteca apareció en escena. Una voz por megáfonos los presentó: “Con ustedes los Pumancheros del Abasto”. Los veinte chicos- entre 2 y 12 años- que conformaban la murga bailaron, hicieron piruetas y arrojaron papelitos de colores al aire. El show, que duró unos 10 minutos, fue aplaudido por los padres, quienes no escondían sus sonrisas de orgullo por la demostración que acababan de ver. Al retirarse la murga, Gonzalo Vidal- responsable de la juegoteca y organizador del festival- gritó: “Bienvenidos. Queremos que esta tarde toda la gente participe. La quema del muñeco 2008 ya empezó, a disfrutar”.
Y así fue. Grandes y chicos empezaron a jugar. La recreación estuvo a cargo de “Cu.ju.ca” (Cumbre de juegos callejeros), una organización que surgió hace dos años en el Abasto y que hoy se expandió a otros barrios de la ciudad. “Es una intervención recreativa comunitaria, una feria de juegos vivientes. Se busca recuperar la calle y que los chicos vuelvan a jugar con aquellos juegos más tradicionales: carreras de embolsados, rayuela, saltar la soja”, explicó Nahuel Zacarías integrante del equipo.
Mientras los chicos más grandes jugaban a la mancha, los más chiquitos pintaban con tizas de colores en el asfalto. Los papas no salían de su asombros, miraban expectantes cómo sus hijos disfrutaban de la tarde. Patricia Mochiot estaba parada detrás de una columna de alumbrado público observando todo lo que su hijo Braian -de ocho años -hacía. “Yo vengo del Once. Traje a mi hijo al festival porque lo encontré una actividad sana y diferente. Además, es importante que los chicos se integren”, manifestó la mamá.
La familia Ford llegó desde Palermo con sus dos hijos de 6 y 3 años para participar de la quema del muñeco por recomendación de unos amigos. “Este festival debería de organizarse en todos los barrios. La calle tiene que volver a hacer nuestra. Es una buena oportunidad para pasar una tarde en familia y jugar a cosas que ya nos habíamos olvidado cómo eran”, relató José Miguel Ford.
Ariel, Magalí, Lautaro y Lucila, todos de 12 años, viajaron desde Villa Crespo hasta el Abasto para participar del festival. Ellos integran una institución laica llamada “Kinder” que se juntan todos los sábados a compartir un momento de recreación. Ese sábado la cita había sido en Zelaya y Anchorena, donde también ellos presentaron juegos para compartir con los demás chicos. “Está bueno venir porque conoces gente nueva. Yo el año pasado vine y me encantó por eso invité a mis amigos a venir hoy”, comentó Magalí Molina.
Por su parte, un grupo de madres amasaba torta frita, en un tablón, para compartir luego de la quema del muñeco con un chocolate caliente que se estaba cocinando a fuego lento. Mientras tanto, los hombres preparaban la fogata para dar comienzo al tradicional ritual.
Cuando el sol comenzó a caer, los chicos se fueron acercando al muñeco y cada uno en pequeños papelitos comenzó a escribir un deseo. La consigna que rezaba era clara: “Escriba el moustro que desea quemar. Luego tírelo en la panza del muñeco, que el fuego hará lo suyo…”. Nicole de 5 años con la ayuda de su mamá escribió: “No quiero ser mala” y con fuerza hizo un bollito de papel y lo arrojó al muñeco.
Una vez que todos terminaron de escribir, se sentaron formando una gran ronda que ocupaba casi toda la calle. Con música de fondo, aplausos y mucha emoción cinco chicos se acercaron con antorchas hasta el muñeco y a la cuenta de tres empezó a arder.
Las luces del día ya eran débiles, pero los rayos que irradiaba fuego iluminaron el atardecer. La nueva edición del festival había llegado a su fin. Sólo restaba esperar que los deseos quemados se hagan en realidad.
Problema habitacional en el Abasto
La respuesta fue un no rotundo. Así le contestaron a Luci, una peruana radicada hace seis años en la Argentina, cuando preguntó en más de cinco hoteles familiares si se podía hospedar junto a su marido y sus dos pequeñas hijas. La excusa en todos los casos fue que no aceptaban a chicos en esos lugares. El calvario de Luci se traslada diariamente a otras familias que están en la misma situación. Esta problemática se acentuó en el último año, sobre todo en la zona del Abasto y Once, por el aumento de la demanda de habitaciones como consecuencia de los desalojos de casas tomadas.
Durante el año pasado, 4500 familias fueron expulsadas de viviendas apropiadas ilegalmente y muchas de ellas migraron a la villa 31 y a la 11-14. Otras, directamente se radicaron en provincia. Según estimaciones de la Coordinadora de Inquilinos de Buenos Aires (CIBA) este año esa cifra se duplicará, lo que ya está provocando una saturación en hoteles y pensiones. “Los dueños de los hoteles familiares se dan el gusto de seleccionar aquellas personas que quieren que habiten en sus residencias. Las familias son las que pierden en esta pulseada”, aseguró Jorge Abasto, integrante de CIBA.
Luci junto a 24 familias vive en una casa tomada de barrio Abasto. Hace más de un año que busca una habitación en un hotel familiar porque tienen miedo de que se concrete el desalojo judicial y quedar literalmente en la calle.”Automáticamente cuando vas a los hoteles, los dueños te dicen que no porque los chicos lloran y molestan al resto”, comentó la mujer.
En Balvanera hay 59 hoteles familiares, de los cuales se cree que el 90% de ellos no están inscriptos ni habilitados para tal fin. Al no contar con las condiciones de seguridad e infraestructura edilicia básica para brindar el servicio de hospedaje, los propietarios optan por no admitir chicos y de esa manera corren menos riesgos. Sobretodo si se tiene en cuenta que muchos quedan solos, encerrados en las habitaciones, cuando sus padres salen a trabajar. “Los niños que aún hoy viven en hoteles familiares se les prohíbe jugar. Los dueños tienen la última palabra. Ahora, como hay tanta demanda de habitaciones se reservan el derecho de admisión”, señaló Natacha Díaz, asistente social del Consulado General del Perú en Buenos Aires.
Según un relevamiento realizado por CIBA una pieza de 3x4 cuesta entre 800 y 1000 pesos. Producto del precio elevado, en una habitación llegan a dormir- en algunos casos mediante el sistema de turnos- hasta diez personas adultas. Esta superpoblación en hoteles trae como consecuencia: hacinamiento, falta de higiene y problemas de convivencia. Más de la mitad de las personas que viven en hoteles familiares destinan sus ingresos mensuales para pagar la renta.
En la ciudad de Buenos Aires rige el programa de emergencia habitacional, destinado a todas aquellas personas que están en situación de calle luego de una intervención judicial. Sin embargo, no todos pueden acceder a este beneficio. El primer requisito que se les pide es contar con el D.N.I, y muchos emigrantes de países limítrofes no tienen la documentación al día. Además, se les solicita un presupuesto de la habitación, casa o departamento que van a alquilar. “Esto es imposibles porque la mayoría de los hoteles familiares no otorgan facturas”, señaló Abasto de CIBA.
Estos son los impedimentos con los que se encontró Luci cuando quiso realizar los trámites para que le den el subsidio. Ella no cuenta con documento de nacionalidad argentina y además, cada vez que fue a los hoteles a pedir un presupuesto se lo negaron con la excusa de que no había más lugar. “Ya estoy cansada de dar vueltas y no encontrar un vivienda digna para estar con mis hijas”, expresó, a la vez que contó que está realizando viandas para recaudar dinero y así poder alquilar una casa en las afueras de la Capital Federal.
Durante el 2007 se tramitaron sólo seis subsidios habitacionales en el área de Servicio Social de la Zona 3 (correspondiente a los barrios San Cristóbal y Balvanera) Este año, ya se concretaron dos. Beatriz Zambarbieri, coordinadora del programa, confirmó que el 15% de las demandas que reciben son por problemas de vivienda y que la mayoría de las personas que se acercan a las oficinas del gobierno de la ciudad son mujeres solas con hijos a su cargo. En el mes de abril se registraron 56 atenciones mientras, que en igual período del año pasado las consultas fueron 31. Estas cifras ponen en evidencia que las políticas de desalojo; la superpoblación en hoteles, pensiones e inquilinatos; sumado a las imposibilidad que tienen las personas de alquilar un departamento o casa, por falta de recibo de sueldo y garantía propietaria, provoca a diario que muchas familias estén en situación de calle o viviendo en la ilegalidad.
Desde CIBA rechazan la política de desalojos que puso en práctica el gobierno macrista porque consideran que debería ofrecer otras alternativas a las personas que viven en esa situación. También, remarcaron que con los $450 que se les otorga en concepto de subsidio, una familia no puede alquilar ninguna propiedad.
“La problemática habitacional en la ciudad de Buenos Aires nunca fue bien abordaba por las diferentes gestiones que pasaron. Es difícil una solución definitiva porque no hay terrenos disponibles en Capital Federal y el conurbano bonaerense para implementar planes habitacionales”, señaló una funcionaria consultada del Ministerio de Desarrollos Social. Por su parte, Liliana Vacatello, asistente social del CGP 3, propone rever las políticas sociales a los fines de que éstas personas puedan tener acceso a una vivienda propia con créditos accesibles.
Durante el año pasado, 4500 familias fueron expulsadas de viviendas apropiadas ilegalmente y muchas de ellas migraron a la villa 31 y a la 11-14. Otras, directamente se radicaron en provincia. Según estimaciones de la Coordinadora de Inquilinos de Buenos Aires (CIBA) este año esa cifra se duplicará, lo que ya está provocando una saturación en hoteles y pensiones. “Los dueños de los hoteles familiares se dan el gusto de seleccionar aquellas personas que quieren que habiten en sus residencias. Las familias son las que pierden en esta pulseada”, aseguró Jorge Abasto, integrante de CIBA.
Luci junto a 24 familias vive en una casa tomada de barrio Abasto. Hace más de un año que busca una habitación en un hotel familiar porque tienen miedo de que se concrete el desalojo judicial y quedar literalmente en la calle.”Automáticamente cuando vas a los hoteles, los dueños te dicen que no porque los chicos lloran y molestan al resto”, comentó la mujer.
En Balvanera hay 59 hoteles familiares, de los cuales se cree que el 90% de ellos no están inscriptos ni habilitados para tal fin. Al no contar con las condiciones de seguridad e infraestructura edilicia básica para brindar el servicio de hospedaje, los propietarios optan por no admitir chicos y de esa manera corren menos riesgos. Sobretodo si se tiene en cuenta que muchos quedan solos, encerrados en las habitaciones, cuando sus padres salen a trabajar. “Los niños que aún hoy viven en hoteles familiares se les prohíbe jugar. Los dueños tienen la última palabra. Ahora, como hay tanta demanda de habitaciones se reservan el derecho de admisión”, señaló Natacha Díaz, asistente social del Consulado General del Perú en Buenos Aires.
Según un relevamiento realizado por CIBA una pieza de 3x4 cuesta entre 800 y 1000 pesos. Producto del precio elevado, en una habitación llegan a dormir- en algunos casos mediante el sistema de turnos- hasta diez personas adultas. Esta superpoblación en hoteles trae como consecuencia: hacinamiento, falta de higiene y problemas de convivencia. Más de la mitad de las personas que viven en hoteles familiares destinan sus ingresos mensuales para pagar la renta.
En la ciudad de Buenos Aires rige el programa de emergencia habitacional, destinado a todas aquellas personas que están en situación de calle luego de una intervención judicial. Sin embargo, no todos pueden acceder a este beneficio. El primer requisito que se les pide es contar con el D.N.I, y muchos emigrantes de países limítrofes no tienen la documentación al día. Además, se les solicita un presupuesto de la habitación, casa o departamento que van a alquilar. “Esto es imposibles porque la mayoría de los hoteles familiares no otorgan facturas”, señaló Abasto de CIBA.
Estos son los impedimentos con los que se encontró Luci cuando quiso realizar los trámites para que le den el subsidio. Ella no cuenta con documento de nacionalidad argentina y además, cada vez que fue a los hoteles a pedir un presupuesto se lo negaron con la excusa de que no había más lugar. “Ya estoy cansada de dar vueltas y no encontrar un vivienda digna para estar con mis hijas”, expresó, a la vez que contó que está realizando viandas para recaudar dinero y así poder alquilar una casa en las afueras de la Capital Federal.
Durante el 2007 se tramitaron sólo seis subsidios habitacionales en el área de Servicio Social de la Zona 3 (correspondiente a los barrios San Cristóbal y Balvanera) Este año, ya se concretaron dos. Beatriz Zambarbieri, coordinadora del programa, confirmó que el 15% de las demandas que reciben son por problemas de vivienda y que la mayoría de las personas que se acercan a las oficinas del gobierno de la ciudad son mujeres solas con hijos a su cargo. En el mes de abril se registraron 56 atenciones mientras, que en igual período del año pasado las consultas fueron 31. Estas cifras ponen en evidencia que las políticas de desalojo; la superpoblación en hoteles, pensiones e inquilinatos; sumado a las imposibilidad que tienen las personas de alquilar un departamento o casa, por falta de recibo de sueldo y garantía propietaria, provoca a diario que muchas familias estén en situación de calle o viviendo en la ilegalidad.
Desde CIBA rechazan la política de desalojos que puso en práctica el gobierno macrista porque consideran que debería ofrecer otras alternativas a las personas que viven en esa situación. También, remarcaron que con los $450 que se les otorga en concepto de subsidio, una familia no puede alquilar ninguna propiedad.
“La problemática habitacional en la ciudad de Buenos Aires nunca fue bien abordaba por las diferentes gestiones que pasaron. Es difícil una solución definitiva porque no hay terrenos disponibles en Capital Federal y el conurbano bonaerense para implementar planes habitacionales”, señaló una funcionaria consultada del Ministerio de Desarrollos Social. Por su parte, Liliana Vacatello, asistente social del CGP 3, propone rever las políticas sociales a los fines de que éstas personas puedan tener acceso a una vivienda propia con créditos accesibles.
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